DNI Salta.- el pueblo castigó a Sáenz. A tres meses de la elección provincial y con un sistema que genera más confianza como el voto papel, se desnudó la falacia del «apoyo popular» a un gobernador que hace apenas 90 días fue reelecto con la voluntad de un tercio de los votantes. Rotundo fracaso de sus bendecidos, incluido su hombre más poderoso dentro del Gobierno, el de los contactos políticos y el «consenso», como lo es Pablo Outes, que recibió un cachetazo inesperado.
Cada acción dentro de una gestión de gobierno, cada obra, hecho, omisión, desidia o decisión desafortunada o, en este caso, un cúmulo de desaciertos, suele pagarse con un costo político alto, a la larga, a la corta o a la mediana.
Y es así como Gustavo Sáenz, quien creyéndose «todopoderoso» tras agenciarse hace apenas tres meses con una reelección con un porcentaje estrecho de votos, pero ampliamente favorecido por su estrategia electoral plagada de colectoras, se «cebó» de poder y en tan solo 90 días se creyó tan impune de creer que mandando a la Legislatura a aprobar dos leyes anticonstitucionales, polémicas y que atentan contra las libertades de la ciudadanía, sus acciones no iban a representar un costo político.
Estas acciones, como ser la orden de tratar sobre tablas y a las apuradas el proyecto de ley «anti-protesta» en plena convulsión social, con un verdadero «Salteñazo» desatado en las calles, con reclamos álgidos de docentes, personal sanitario y demás trabajadores estatales por salarios dignos, además de los resabios de una gestión desgastada (paradójicamente, pese al triunfo electoral de mayo con apenas un 30 por ciento de los votos de una provincia), le hicieron pagar el alto costo político a Sáenz, dándole el pueblo la espalda a sus precandidatos.
Esto quedó fielmente reflejado en las urnas en las PASO 2023 de este domingo, con la gran y lapidaria derrota del poder saencista en la categoría de precandidatos a diputado nacional por Salta, donde todos los frentes y listas alineados a Gustavo Sáenz que contaban con candidatos amigos del mandatario salteño, fracasaron de manera lapidaria; mientras que, paralelamente, aquellos que no contaban con la bendición del Ejecutivo dieron sus batacazos electorales.
Esto quedó en evidencia con el triunfo arrasador en las PASO 2023 en Salta del partido Ahora Patria que, con la figura de la joven Emilia Orozco a la cabeza, quien criticó fuertemente al Gobierno provincial desde el Concejo Deliberante por el despilfarro en salarios superlativos para funcionarios públicos en contraste con el hambre de docentes y sanitaristas; fue el más votado para diputados nacionales.
el pueblo castigó a Sáenz
Con el 93% de mesas escrutadas, la lista que encabeza Emilia Orozco obtuvo 290.277 votos, representado el 47,49%, siendo la gran ganadora de la elección salteña. La contracara fue Unión por la Patria con la mano derecha de Gustavo Sáenz, Pablo Outes, quien con toda la estructura y la propaganda invasiva a su favor, sumó apenas 72.524 voluntades, recibiendo una contundente e histórica paliza, quien además ni siquiera la tuvo fácil en su propia interna de Unión por la Patria con el también modesto en recursos electorales Ramón «Rana» Villa, lo que hizo sudar con 62.221 votos.
Sáenz también perdió en la otra «canasta» en la que puso sus huevos, el frente de las antípodas del kirchnerismo, Juntos por el Cambio, sumando entre todas sus listas casi la tercera parte de los votos que obtuvo Orozco, constituyendo otro fracaso electoral para Miguel Nanni y la secretaria personal de Gustavo Sáenz, Eugenia De Vita, como para la lista que integró el bastión del Gobernador de la Provincia en materia de minería y negocios, Beto Castillo.
Pese a «clasificar» a sus candidatos para la elección de octubre, ambas listas del PRO, con nombres «ultra-saencistas» en sus filas, cosecharon apenas un 17,29 por ciento de los votos en unas PASO que, además de ser una encuesta nacional, también desnuda el termómetro del estado de ánimo provincial y la aceptación o no al poder dominante.
Estos resultados llaman curiosa y poderosamente la elección a apenas tres meses de la elección provincial, donde Gustavo Sáenz quiso convencer desde su prédica triunfalista posterior que fue arrasador en las urnas, cuando los datos fácticos arrojaban que su triunfo solo contó con el 30 por ciento de apoyo de una base de votantes de un millón, números que, así y todo, fueron suficientes para llevarse una elección diseñada de antemano para coptar a la siempre débil oposición, y así reducir las alternativas del electorado. El mismo electorado que apenas 90 días después le propinó un cachetazo.
Y a tres meses de la elección provincial, la falta de transparencia de la maquinaria electoral vuelve a salir a la luz en una elección en la que volvió el papel, un sistema más transparente y confiable (en contrasta a los problemas y las denuncias suscitadas en Buenos Aires con el electrónico), y que en las urnas reflejó una sensación mucho más acorde a la realidad de un Gobierno provincial desgastado por conflictos sociales en el sector de la salud, entre los docentes (aún siguen algunos de paro) y por el descontento popular.
Por eso tampoco deja de ser llamativo el triunfo de Sáenz en mayo, cuando en estas PASO de agosto no lo respaldó la gente a través de sus precandidatos, y entre esa misma gente crece la escasa credibilidad por la «victoria» electoral de Sáenz de hace tres meses, ya que si cuenta con el consenso, como él mismo proclama, lo lógico sería que voten a todos sus candidatos.
El impacto de la derrota del saencismo en Salta es más fuerte porque su principal bastión en esta elección estuvo lejos de ser un candidato «cualquiera». Hablamos de Pablo Outes, el coordinador de Enlace y Relaciones Políticas de la Provincia, quien en la escala de mandos está por arriba de los ministros, es el que tiene contacto con los intendentes, el de los acuerdos, el armador político, el que distribuye la plata, el que teje, maneja y decide las obras.
Y fue ese mismo armador político y hombre de «consenso» quien quedó «de cama» tras su fracaso electoral, más aún por todo lo que se apostó en torno a su figura, incluyendo dinero, uso indisimulado de fondos públicos para campaña, aprietes, lobby, propaganda agresiva en los medios y demás.
Ni siquiera con su hombre fuerte de la minería, Beto Castillo (Juntos por el Cambio), Sáenz pudo agenciarse una victoria personal, siendo esta elección todo un mensaje de la población salteña para el Gobierno provincial y la cofradía del poder. el pueblo castigó a Sáenz.
La gente le dio la espalda a Sáenz a través de sus precandidatos a diputados nacionales, luego de autoproclamarse todopoderoso y ganador, de instalar en la Legislatura la Ley «anti-protesta» y de creerse totalmente impune con una ley inconstitucional, usando al Poder Legislativo para acallar las voces disonantes del pueblo, aquellos que protestan por los derechos humanos, por salud, por dignidad, por trabajo, por derechos vulnerados.
Y para rematar, a días de la elección de agosto, volvió a medir su poder junto a sus diputados cómplices, alineados y amigos con la media sanción de la «Ley mordaza», que restringe los derechos de la prensa independiente y que busca, literalmente, meter presos a periodistas disidentes que cuentan la verdad.
Medidas y rasgos propios de un gobierno autoritario y totalitario, que quiere a sus pies a un pueblo sumiso, disciplinado, obediente. Por todo ello, ese mismo pueblo lo castigó cambiando la tendencia en solo tres meses. el pueblo castigó a Sáenz.










