DNI Salta.- Marcelo Torrico, el atroz violador y asesino de los hermanos Melanie y Octavio Leguina, recibió hoy el alta médica. El delincuente, ingresó de urgencia al Hospital San Bernardo el viernes por un Accidente Cerebrovascular (ACV) y estuvo internado en sala común con custodia.
Fuentes confiables informaron a DNI que, promediando las 18 horas, Torrico reingresó al penal de Villa Las Rosas. Lo hizo por sus propios medios y caminando.
Diego Díaz, neurólogo del nosocomio, afirmó que Torrico fue evaluado por el servicio de neurología y el de cardiología. En un video difundido por el hospital, se menciona que el paciente tuvo una evolución estable.
Ayer, de forma exclusiva, DNI Salta confirmaba el ingreso de Torrico al hospital tras sufrir un ACV en el Penal de Villa Las Rosas. Tras una descompensación, fue asistido por el servicio médico del Servicio Penitenciario. Luego fue trasladado en silla de ruedas, con suero y custodia hacia el policlínico.
Torrico es tristemente recordado por los salteños por ser el homicida y femicida de Octavio y Melanie Leguina, dos niños de la zona oeste de la ciudad, que estuvieron desaparecidos durante varios días hasta que sus cuerpos fueron hallados en La Silleta, en una zona rural. Los habían asesinado el mismo día de su desaparición, el 4 de mayo del 98.
El asesino fue detenido en marzo del 99 y condenado a reclusión perpetua antes del 2000. Años después, y aparentemente con complicidad de efectivos, escapó junto a su compañero de celda en medio de los festejos del 1 de enero del 2006. Lo atraparon ocho meses después cuando intentaba robar una casa de celulares en buenos Aires.
DOS PEQUEÑOS TÍMIDOS

Melani de los Ángeles y Octavio Facundo eran dos de los nueve hijos del matrimonio de Miguel Ángel Leguina y María Rosa Pereyra. En ese momento, los esposos tenían 36 y 37 años. Vivían en el barrio Alto La Viña, al oeste del Grand Bourg. El lunes 4, los hermanitos salieron para tomar, como todos los días a las 7 de la mañana, el colectivo 9 que los depositaba en la Casita de Belén, en el barrio San José.
“Llegaban caminando hasta aquí, desayunaban y luego yo los acompañaba hasta la escuela Nuestra Señora de la Candelaria, en Villa Costanera. Al mediodía los iba a buscar y almorzaban con los otros niños. Luego de jugar y descansar un rato los ayudaba a resolver sus tareas escolares, hasta que iban de vuelta a su domicilio”, relataba Evelia de Puentes. Era maestra voluntaria y ayudaba a los hermanitos en la Casita de Belén. En la misma declaración, la mujer los describía como “sumisos y callados”.









