DNI Salta.- Caradurez e insensibilidad. Comunidades originarias caminaron días enteros pasando hambre, frío y expondiéndose a condiciones inhumanas para reclamarle el agua y las viviendas prometidas por el Gobierno provincial. Además de ser burlados e ignorados en el Grand Bourg y clamar por la asistencia a niños, revelaron a DNI SALTA cómo Outes les prometió, a cambio de votos, viviendas que no puede adjudicar.
Hermanos originarios salteños del olvidado y oprimido norte provincial caminaron cientos de kilómetros día, tarde y noche, pasando frío y hambre a la intemperie y durmiendo en los caminos al costado de la ruta en condiciones inhumanas, pidiéndole al Gobernador Gustavo Sáenz por tantos derechos vulnerados, por el agua y las viviendas que les había prometido.
Las comunidades, tras una larga e histórica caminata llena de penurias, arribaron a pie ayer a la capital salteña, pasando su primera noche al aire libre capeando el frío inclemente, y en estos momentos están marchando hacia la Casa de Gobierno por el abandono extremo del Gobierno de Gustavo Sáenz a estos sectores vulnerables plagados de carencias, como la falta de agua, de alimentos y de dignidad, en el contexto de una pobreza cada vez más agravada por la desidia, y por las falsas promesas de quienes juegan con ellos, más aún en tiempos de campaña y para aplacar los ánimos.

Patricia, una salteña que acompañó a los caminantes en esta cruzada, y Marcela Calermo, de comunidad Las Moras, dialogaron en vivo con Abel Díaz en DNI RADIO 103.7 Mhz. para narrar la inclemencia del Gobierno con los reclamantes, quienes caminaron cientos de kilómetros y «no tenían agua, no tenían comida, y nadie fue capaz de darles agua y contenerlos».

Caradurez e insensibilidad
Los originarios así pasaron la noche en las puertas del Grand Bourg, como se observa en las imágenes enviadas a la redacción de DNI SALTA, ante la mirada y la burla de los indiferentes ministros y funcionarios. El Gobierno los expone a una caminata insalubre pasando hambre, frío y carencias alarmantes mientras que el candidato de Sáenz a diputado nacional juega con la necesidad de los pueblos prometiéndoles viviendas que no puede conceder, a cambio de votos.

«No fueron capaces de recibirnos, nos hacen abandono, no nos dan ni para comer. Aguantamos el frío y el hambre para que nos pueda atender el Gobierno. Reclamos en esta marcha agua y viviendas. El agua es un derecho universal, pero para el Gobierno no. Parece que nosotros por ser pueblos originarios no podemos ni tomar agua ni acceder a viviendas, ni nada», explicó Marcela, una de las referentes de los originarios que viven en la extrema indigencia y volvieron a ser burlados por el Gobierno y sus funcionarios tras otra inhumana caminata de cientos de kilómetros por caminos sinuosos hasta la Capital.
Y fue la misma referente quien visibilizó la desvergüenza del candidato a diputado nacional Pablo Outes, quien se burló de las comunidades originarias yendo a pedir el voto a cambio de viviendas que él no puede ni tiene las facultades para entregar, desnudado la gran mentira de los candidatos de poder en tiempos de campaña para seguir aferrados a cargos públicos.
«Ya estuvo Pablo Outes pidiéndonos el voto cuando fue a Tartagal, nos prometió viviendas y que vamos a estar mejor si él gana», fue el vil engaño que les hizo el candidato a diputado a los crédulos hermanos originarios, siendo que un legislador no puede conceder ni adjudicar viviendas, facultad que le compete ejecutar al propio Gobernador Sáenz.
También causó indignación que la vocera originaria tenga que «implorar» por ayuda y asistencia de la comunidad salteña a la salud y la alimentación de dos niños originarios que marcharon junto a sus familias, siendo que están a metros de la Casa de Gobierno y el séquito de funcionarios insensibles, vagos e inoperantes que trabajan allí cobrando fortunas solo miran con desprecio la triste postal al ingresar o egresar del edificio ejecutivo. Nadie salió a recibirlos.
«Pensamos en cortar la avenida San Martín en el centro, pero con los hermanos originarios entendimos que la sociedad no tiene la culpa, y que la protesta tiene que ser en el Grand Bourg, donde no nos dan ni la hora y pasan nomás. Tenemos una impotencia, no sabemos qué hacer. Muchos convenios donde nos prometían agua para las comunidades se incumplieron, millones de pesos que prometieron para obras pero que nunca llegaron y no sabemos dónde están. Con mis hijos tenemos que elegir entre tomar agua, cocinar o bañarnos», expresó con indignación la mujer.










