DNI Salta.- La lluvia había dado tregua, pero el enojo seguía intacto. Con la ropa todavía mojada, manos lastimadas y horas de trabajo sacando agua y barro de sus viviendas, vecinos de La Merced se presentaron este jueves por la mañana ante el intendente Javier Wayar. El encuentro distó de ser institucional: fue una interpelación directa, cargada de hartazgo, hacia una gestión a la que acusan de mirar para otro lado mientras el pueblo se inunda una y otra vez.
La escena fue contundente. Vecinos visiblemente afectados, funcionarios municipales sin respuestas concretas y un intendente acorralado por los reclamos. Las precipitaciones recientes reactivaron un conflicto estructural que, según los propios habitantes, atraviesa décadas sin soluciones de fondo. “Si sabés que el Valle se inunda todos los años, ¿por qué no te preparás?”, fue una de las preguntas que resonó frente a las autoridades.
Las lluvias provocaron anegamientos generalizados, daños materiales y situaciones que se repiten con una regularidad que ya no sorprende. Lejos de ser un hecho excepcional, los vecinos describieron un escenario conocido: agua entrando a las casas, desagües colapsados y un municipio que aparece cuando el daño ya está hecho.
Un reclamo histórico que se renueva
Lo que debía ser un espacio para canalizar soluciones terminó exponiendo la soledad política del jefe comunal. Rodeado de funcionarios que escuchaban sin poder ofrecer respuestas claras, Wayar quedó frente a un reclamo tan antiguo como vigente. “No podemos vivir llamando al 911 cada vez que llueve. Estamos así desde que volvió la democracia”, expresó una vecina entre lágrimas, sintetizando un malestar que excede el episodio puntual.
El clima se tensó aún más cuando los vecinos recordaron que las inundaciones habían sido un eje central de la campaña del propio intendente. Las promesas de obras estructurales contrastaron con la realidad de acequias sin mantenimiento, zanjas desbordadas y trabajos inconclusos. “Este fue un tema de campaña”, le reprocharon, antes de lanzar una pregunta que dejó un silencio incómodo: “Si alguien se muere, ¿vos te vas a hacer cargo?”.
La reunión de urgencia terminó siendo un retrato crudo del hartazgo social. No hubo anuncios, ni plazos, ni compromisos concretos. Solo la exposición de una gestión desbordada frente a una comunidad golpeada por las pérdidas materiales y el cansancio acumulado.
Más allá del agua
La bronca no se limitó a las inundaciones. El encuentro derivó en un balance crítico de la gestión municipal. “Tenemos obras paralizadas desde hace tiempo, pero joda todo el año”, lanzó un vecino, apuntando a una percepción extendida sobre las prioridades del municipio. También hubo reclamos por la suba de impuestos y la presión fiscal: “Nos aumentan los impuestos y cuando llueve somos nosotros los que ponemos el cuerpo”.
Otro foco de enojo fue la falta de presencia previa del intendente. Vecinos aseguraron haber pedido reuniones, advertido sobre el estado de los desagües y solicitado medidas preventivas que nunca llegaron. En ese contexto, el encuentro fue leído como una reacción tardía más que como una respuesta real.
Las inundaciones dejaron en evidencia algo más profundo que calles anegadas y viviendas dañadas. Volvieron a mostrar una gestión sin planificación ni capacidad de anticipación frente a un problema conocido y largamente advertido. Esta vez, sin embargo, los vecinos no esperaron a que baje el agua ni la bronca: fueron como estaban, mojados y agotados, a decir lo que sienten.
En La Merced, ya no solo se desbordan los canales. También se desbordó la paciencia.










