Patricia Bullrich en el túnel del tiempo

    DNI Salta.- Columna de opinión de Rodolfo Ceballos, psicólogo social y periodista de DNI.

    Patricia Bullrich, hoy candidata a entrar en el balotage presidencial de
    octubre según los encuestólogos, tiene un pasado con muchas fotos en su albún político. Hay que recordarla, por ejemplo, cuando en octubre del 2001, días antes de la caída de la convertibilidad, se atornilló al cargo de ministra de Trabajo del gobierno de la Alianza, presidido por Fernando de la Rúa.

    Entre ese octubre y diciembre fatal de un año trágico para Argentina, en que las resistencias a Alianza hacían volar por los aires el país de la dulce paridad del peso por un dólar, Bullrich hacía también que le pasen cosas políticas a ella y con relación al sindicalismo de entonces.
    Como política debió tener un perfil alto en ese entonces. Ante la
    inesperada designación de Daniel Sartor al frente del Ministerio de
    Desarrollo Social, que ella apeteció pero lo perdió en el internismo
    alianzista, comenzó una pelea política junto con sus aliados en el Gobierno para retener el mando en la cartera laboral.

    «Para mí sería un error político gravísimo entregarle el Ministerio de
    Trabajo a los sindicalistas», le dijo Bullrich a De la Rúa muy campante.
    Bullrich siempre fue antisindicalista y con una fuerte crítica a la inercia
    burocática que históricamente tienen los gremios, más por ventaja que le dan los importantes negocios creados que por la convicción doctrinaria peronista.

    Es por eso que las dos CGT, la que conducía el antidelarúa Hugo Moyano y la de los «gordos», que dirigió Rodolfo Daer, reclamaronn la cabeza de Bullrich como condición básica para el diálogo con el gobierno que empezaba a desmoronarse.

    En el año 2000, De la Rúa sumó otro problema a los múltiples que ya
    tenía. Fue aquel portazo que dio su vicepresidente Chaco Alvárez con una renuncia muy fuerte, que lo dejó enclenque y herido de muerte política, casi listo para tomar el épico helicóptero.

    Álvarez renunció a su cargo el 6 de octubre de 2000, denunciando
    corrupción en la administración de su propio gobierno y en el Senado
    nacional, escándalo conocido como el de las coimas en el Senado, y por
    cinco años abandonó la función pública. La justicia posteriormente
    desestimó su denuncia.

    En ese clima de crisis profunda de un gobierno rumoeado de corrupto
    porque el ministro de Trabajo, Mario Flamarique, predecesor de Bullrich, quedó sospechado de entregar dinero a los senadores para que aprueben la reforma laboral rechazada por las dos CGT. El escándalo hizo que se fuera Flamarique del elenco delaruísta y lo reemplace Bullrich.

    La mujer, por supuesto, se puso de sombrero el Ministerio de Trabajo.

    La memoria histórica recuerda de ella los siguientes hechos que hoy están en el archivo de su presente y algunos (no todos) se lo recuercan en su carrera presidencial:

    1) Reformó 400 convenios amparada en la inaprobable ley de Reforma
    Laboral, conocida como Ley Banelco, la que fue el centro del escándalo de coimas en el Senado.

    2) Impulsó un proyecto que eliminaba todas las asignaciones familiares a los trabajadores que cobraran más de mil pesos (mil dólares) de sueldo y a cambio creaba el Sistema Integrado de Protección de la Familia.

    3) Creó un plan de «transparencia sindical»que obligó a presentar las
    declaraciones juradas de ingresos por parte de los dirigentes gremiales.
    4) Cuano deja la cartera de Trabajo, pasa a ser ministra de Seguridad
    Social. Y fiel a la llamada «ley de déficit cero», Bullrich impulsó y firmó el decreto que estableció la reducción del 13 % a los haberes de los
    trabajadores estatales y de las jubilaciones, cuyos montos fueran mayores a los 500 pesos argentinos convertibles a dólares estadounidenses al mismo valor. Y como frutilla del postre, en su gestión, el desempleo pasó del 15 al 25 %. Un fenómeno laboral raro en la dupla Bullrich-De la Rúa, porque no hubo inflación durante el gobierno de la Alianza.

    Estos hechos cronicados son algunas de las poses que usó Bullrich para sus innumerables fotos políticas en la que se la ve siempre al calor del Estado, buscando un ministerio o, directamente, como ahora, después de 23 años, la presidencia de la Nación