DNI Salta.- La ceremonia del Premio Nobel de la Paz 2025 estuvo marcada por un hecho inusual: la principal galardonada no estuvo presente en el Ayuntamiento de Oslo. La ausencia de María Corina Machado, dirigente opositora venezolana que permanece en la clandestinidad desde 2024, redefinió el clima del acto, que pasó de protocolar a convertirse en un escenario de alto impacto político.
A las 13, hora local, su hija, Ana Corina Sosa Machado, subió al escenario para recibir la medalla y el diploma. En lugar de un mensaje estrictamente familiar, leyó un discurso orientado a la situación de Venezuela, al afirmar que hablaba “en nombre de un pueblo y su larga marcha hacia la libertad”, ante un auditorio que siguió la intervención en silencio.
Minutos antes de la ceremonia se confirmó que Machado no llegaría a tiempo, pese a encontrarse en viaje. El Instituto Nobel comunicó que la dirigente se encontraba a salvo, sin brindar mayores precisiones, lo que obligó a modificar el protocolo y reforzó el clima de hermetismo diplomático.
Durante el discurso leído, se expusieron denuncias sobre el deterioro institucional venezolano, con referencias a la manipulación electoral, la militarización del poder y la crisis social. La ausencia física no debilitó el mensaje, sino que potenció su impacto simbólico, al transformar el podio vacío en una imagen que recorrió el mundo.
Uno de los momentos más resonantes fue la intervención del presidente del Comité Nobel de la Paz, Joergen Watne Frydnes, quien llamó públicamente a Nicolás Maduro a aceptar los resultados electorales y renunciar, una frase que fue recibida con una ovación prolongada en el recinto.
El acto contó con la presencia de líderes y referentes internacionales, entre ellos Javier Milei, Santiago Peña, Daniel Noboa, José Raúl Mulino, Edmundo González, así como figuras políticas como Iván Duque y María Elvira Salazar. La ceremonia se desarrolló bajo estrictas medidas de seguridad ante la posibilidad de manifestaciones.
La edición 2025 se sumó así a la lista de premiaciones en las que el galardonado no pudo asistir por razones políticas. En este caso, la representación a cargo de un familiar reforzó el peso simbólico del evento y convirtió a la ceremonia en un espacio de denuncia internacional sobre la situación venezolana, más allá de la entrega formal del premio.










