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sábado, marzo 2, 2024

[VIDEO] Caminaron cientos de kilómetros por una manguera para llevar agua que el Gobierno les prometió hace 15 meses. Una mujer se encadenó

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DNI Salta.- Vergüenza e indignación causa el desgarrador testimonio de la mujer encadenada en DNI RADIO 103.7 Mhz. El clamor por dignidad de los pueblos indígenas llegó a las puertas del IPPIS. Otra vez, los hermanos originarios bastardeados e ignorados por los ineptos funcionarios provinciales.

Mientras que desde el Gobierno nacional y provincial niegan sistemáticamene la pobreza y el malestar popular, las protestas de la comunidad se multiplican en Salta.

La ciudad vive un jueves de furia desde la mañana, con dos álgidas protestas de salteños en una misma manzana.

Por un lado, está el reclamo de decenas de vecinos de Cafayate por soluciones habitacionales en las puertas del Instituto Provincial de la Vivienda, en calle Belgrano al 1300, a cuadras del microcentro.

Y paralelamente, y en la misma manzana, en calle Amirante Brown al 100, en las afueras de la sede del IPPIS (Instituto Provincial de Pueblos Indígenas de Salta), hermanos originarios que se movilizaron a la capital salteña claman por los mismos derechos vulnerados de siempre, por el acceso a la dignidad, al agua, al acceso a una mejor calidad de vida, pedidos que llevan años y que son ignorados por un Ejecutivo provincial indiferente.

Causa impotencia, pena y dolor ver el contraste entre el lujo de los políticos y las condiciones indignas a la que son sometidos miles de salteños.

El reclamo pertenece a una comunidad del norte provincial, quienes exigen una manguera de 300 metros para poder llevar agua de manera casera desde la ruta hasta las casillas rancho donde habitan, y que el Gobierno provincial les prometió hace 15 meses y no les cumplió, pese a lo simple del pedido, por estar abocados a la campaña y a cuestiones supérfluas.

En julio del año pasado les prometieron que les iban a otorgar esa manguera, pasó más de un año y nada. Esto sucede cuando en cargos y áreas tan sensibles, como el IPPIS, o Aguas del Norte, no se encuentran desempeñando funcionarios idóneos y capacitados.

Por el contrario, estos cargos son ocupados por rugbiers adinerados e íntimos amigos del Gobernador Gustavo Sáenz, que poco conocen de las necesidades y angustias de los hermanos originarios, como son los casos del acomodado Marcelo Córdova, quien debería abocarse a velar por los intereses de los pueblos indígenas, o como Ignacio Jarsún, quien tiene la obligación de abocarse a obras concretas e inversiones para llevarles agua potable como corresponde a esas comunidades, y que no tengan que estar implorando por una simple manguera, siendo que ni siquiera ese simple pedido satisfacen.

Los miembros de las comunidades originarias se cansaron y ya no piden ni imploran, sino que exigen que se haga uso de la plata del pueblo a estos inoperantes servidores y administradores públicos a los que les pagamos el sueldo. No se trata de un pedido a un benefactor al que hay que aplaudir, o de una dádiva, sino de un derecho constitucional, como lo es el acceso al agua. Y los hermanos originarios así lo entienden hoy.

Alejandra Giménez, originaria de la comunidad 20 de Junio, situada en la Ruta 86, a la altura del kilómetro 3, en el norte provincial, se encadenó en la sede del IPPIS luego de llegar a pie por segunda vez para pedir una simple manguera al Gobierno provincial caminando cientos de kilómetros, por una demanda de un recurso que cuesta alrededor de 100 veces menos que el valor de un solo cartel de propaganda del candidato a diputado nacional saencista Pablo Outes. Por ende, plata hay, y de sobra.

«Pedimos desde el año pasado lo que no me cumplieron, una manguera para llevar agua para nuestra comunidad, es una manguera común de 300 metros, el año pasado nos movilizamos varias mujeres y tampoco nos escucharon. No les estamos exigiendo una cosa tan grande. No puede ser que tengamos que venir caminando cientos de kilómetros. Para ellos no es nada, para nosotros es mucho. No tenemos agua para tomar porque nos falta trasladarla», expresó con indignación la hermana originaria encadenada, que habló con DNI RADIO 103.7 Mhz. desde el epicentro de la protesta.

«El agua que nos falta es para 50 familias que esperamos una manguera. El que está encargado de eso es el señor Marcelo Córdova. Para ellos nosotros somos los malos, los que no servimos, cuando en realidad hacemos todo esto porque necesitamos agua, para nuestros hijos. Lo necesitamos urgente, sin agua no se vive. Y estamos hablando de una manguera. Y algo pequeño que pueden hacer, no lo hacen. Desde julio de 2022 nos prometieron», contó Alejandra.

«Por segunda vez nos venimos caminando desde la comunidad. La primera vez me fui con las manos vacías, ahora no me pienso ir hasta que no nos solucionen el tema del agua», enfatizó con firmeza y valentía la mujer originaria encadenada.

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