DNI Salta.- Las nuevas lluvias pronosticadas reactivan una preocupación constante en Rosario de Lerma y La Merced: el río Rosario y su cuenca alta continúan sin monitoreo efectivo, sin controles permanentes y sin un plan integral de manejo hídrico. Lo ocurrido el miércoles pasado, cuando cayeron más de 100 milímetros en apenas 45 minutos, no fue un episodio excepcional ni imprevisible, sino el resultado directo de una cuenca desatendida y de decisiones —o ausencias— acumuladas durante años.
El problema no se origina en las zonas urbanas afectadas. Comienza en las altas cumbres y en los ríos de montaña. El río Toro, que luego se convierte en el río Rosario y más adelante en La Florida, transporta enormes volúmenes de agua cuando las lluvias se concentran en Campo Quijano y sectores elevados. A ese caudal se suman arroyos secundarios y, finalmente, el río Corralito. Todo el sistema descarga sin control, sin alertas tempranas y sin supervisión constante por parte del Estado.
Barrios expuestos en Rosario de Lerma
La última crecida dejó en evidencia cómo un solo brazo del río, modificado por antiguos descartes de áridos y alteraciones no controladas del cauce, fue suficiente para ingresar a barrios de Rosario de Lerma.
En la zona de Islas Malvinas, al oeste de la ciudad, donde confluyen el río Rosario y el Corralito, el agua avanzó, retrocedió y volvió a ingresar con fuerza hacia sectores poblados. El impacto alcanzó barrios periféricos y zonas bajas que descargan hacia el viejo camino a Las Peras y la ruta 36. El escenario se repitió: calles transformadas en canales, barrios aislados y pérdidas materiales de magnitud.
Sin seguimiento ni sanciones
La pregunta se impone por sí sola: ¿alguien monitorea hoy el comportamiento del río Rosario en su cuenca alta? Los hechos indican que no. No hay controles visibles, seguimiento en tiempo real ni sanciones para quienes alteran los cursos de agua o mantienen descartes que funcionan como diques improvisados y peligrosos.
En este marco, la obra del canal de CEOSA ocupa un lugar central. Presentada como una solución estructural de gran escala y promocionada en su momento como una de las mayores obras de la región durante el gobierno de Juan Manuel Urtubey, hoy es cuestionada por técnicos y vecinos. Lejos de resolver el problema, el canal colapsó y desbordó. Solo la existencia de un canal paralelo construido por el municipio evitó consecuencias más graves.
Antecedentes públicos y denuncias reiteradas advierten que la obra no solo resultó ineficiente, sino que generó nuevos puntos de conflicto hidráulico. Una inversión millonaria que, en la práctica, agravó el escenario.
Una deuda institucional
Lo que ocurre en Rosario de Lerma, La Merced y Cerrillos no responde a una catástrofe natural. Se trata de una falla institucional sostenida en el tiempo. La ausencia de monitoreo del río Rosario y sus afluentes, el abandono de las cuencas altas y la persistencia de obras mal diseñadas o sin mantenimiento conforman una combinación de riesgo que se activa con cada lluvia intensa.
El Valle de Lerma es una región estudiada y diagnosticada. Se conoce por dónde baja el agua, dónde se acumula y qué zonas están en riesgo. No se trata de fenómenos extraordinarios ni de lluvias imprevisibles.
Si las precipitaciones continúan, como anticipan los pronósticos, el escenario puede repetirse en pocas horas. El agua seguirá su curso histórico, sin atender límites administrativos ni discursos oficiales. La diferencia entre una crecida controlada y una inundación grave no está en el clima, sino en las decisiones políticas, que hasta ahora siguen llegando tarde.











